Discurso pronunciado el 4 de octubre de 2017 en el auditorio Teresa Cuervo Borda del Museo Nacional de Colombia por Ana Milena Coral Díaz, autora, de de la investigación: Cuerpo femenino en transición. La construcción del cuerpo femenino en el discurso jurídico de los tribunales penales ad hoc, la Corte Penal Internacional y la Ley de Justicia y Paz en Colombia.

2017


Ana Milena Coral Díaz
Buenas noches  a todas y todos

Primero que nada, quiero señalar que me siento profundamente feliz y llena de orgullo por haber recibido este importante premio.  Soy consciente de su inmenso valor y me motiva y me fortalece como investigadora. Quiero comenzar por la gratitud, pues solo la gratitud nos permite reconocer que no llegamos a momentos como este sino gracias al apoyo de muchas otras personas o a circunstancias de la vida que nos impulsaron, enseñaron, nos dieron animo o dirección.

En primer lugar, gratitud con la vida, por permitirme vivir esta experiencia y por todo el camino recorrido hasta hoy. A mi directora de tesis Camila de Gamboa, a mis amigas que desde el pregrado en la facultad de derecho de la universidad externado de Colombia me acompañan. A Fabi por ser tan real e  incondicional.

A la Fundación Alejandro Angel Escobar y al jurado, por otorgarme este premio que se transforma en un importante incentivo para seguir investigando, deconstruyendo discursos, planteando alternativas a problemas sociales. A Colciencias por haberme permitido estudiar tiempo completo mi doctorado, por financiar mi estancia de investigación en Irlanda del norte para volver con muchas ideas nuevas sobre lo que era necesario para avanzar en mi tesis doctoral.

Ahora más que nunca creo que el apoyo a la investigación desde lo público es una excelente estrategia para consolidar trabajos de calidad en Colombia, por ende, más que recortes, avancemos siempre mejor hacia más oportunidades de financiación de investigadoras e investigadores talentosos. Me siento orgullosa de haber estudiado mi pregrado, maestría y doctorado en Colombia, el talento  y la creatividad aquí son  infinitos y notorios. 

Por último, gracias a la Universidad del Rosario por darme la oportunidad de realizar mi tesis doctoral en un ambiente tan valioso de aprendizaje.

La investigación es lo mío, me mueve desde el centro del corazón y me impulsa a observar, analizar, cuestionar lo que a veces parece incuestionable. La tesis doctoral ganadora de este premio fue el resultado de una pregunta que nació de la observación, pero también de la crítica propia de la academia. Como profesional en derecho, y como antropóloga inmersa en la interdisciplinariedad me he interesado siempre en la observación y el análisis de fenómenos jurídicos como los discursos, o las dinámicas de la justicia. Por ello, la justicia transicional como estrategia para avanzar hacia escenarios de paz y postconflicto resulta ser tan valiosa para mí, en aras de construir nuevos paradigmas y enfoques que nos permitan avanzar como sociedad que se encuentra  cansada de la hostilidad, la inequidad, y el conflicto. La interdependencia entre sociedad y ley termina siendo el paradigma de la investigación cuando se aborda el estudio de la justicia transicional.

Las mujeres en los conflictos experimentan de una forma diferente la violencia, la exclusión y la perdida. Pero esa diferencia viene de la experiencia del propio cuerpo, de las memorias que persisten en cada una de las células vivas.

Experimentar el cuerpo vivido es experimentar la cultura que muchas veces no comprende la riqueza de la diferencia y que resulta opresiva y excluyente. El derecho como un elemento más de la cultura en sus discursos de justicia transicional, especialmente en lo relacionado con la justicia penal, muchas veces se sitúa por fuera de los linderos de la experiencia y acude a categorías universales sesgadas por el cuerpo femenino dualista construido en occidente, dejando de lado el cuerpo vivido. El cuerpo real, el dolor real.

La perspectiva de como duelen las experiencias solo puede venir de quien las vive, no puede haber un tercero expresando o negando el dolor que no ha vivido. Ser mujer es experimentar la diferencia y la alteridad, y en ese sentido esa diferencia merece un lugar en la narrativa de la transición, merece reconocimiento y validación. La mejor forma de avanzar hacia una transición real, hacia un verdadero escenario de postconflicto es la verdad completa, la cual  de acuerdo a mi investigación debe comprender los daños de reconocimiento secundario, que son aquellos daños que han sido excluidos de los discursos para dar paso a los universalismos que no verifican realidades locales, experiencias propias que vienen de momentos y culturas precisas. Una mujer no vive la violencia sociopolítica de igual modo en Colombia, en Irlanda del Norte o en Ruanda. Los daños son distintos, los discursos deberían ser distintos también. La violencia sexual enunciada de manera general y abstracta no encapsula la totalidad, pues resulta reduccionista y simplista.

Pero puntualmente, ¿cuál es la importancia de dar visibilidad  los daños de reconocimiento secundario?. De acuerdo a mi investigación, al involucrar la experiencia de la víctima desde el cuerpo vivido en las narrativas de la transición estamos reconociendo que existen estructuras sociales, creencias y prácticas que han influido en esa experiencia del daño, y estamos dando un gran paso para transformarlas como sociedad. De nada nos sirve decir que hay daños al tejido social si no reconocemos cuales son, y peor aún, de nada nos sirve tratar el problema del daño que ha sufrido la víctima  de violencia sexual como un asunto individual aislado de sus causas si no vamos a involucrarnos como sociedad en un cambio para que en el futuro no existan mas mujeres y niñas víctimas.

Ver más allá de los estereotipos y la trivialidad del sufrimiento femenino, le permite a una sociedad avanzar como sociedad  y no solo a un segmento. Le permite descubrir con humildad que no se han hecho las cosas del todo bien, pero ese es quizá el más grande de los descubrimientos porque se permitirá hacer mejor las cosas ante la apuesta por un cambio necesario. Cuando una sociedad se queda atrapada en los universalismos se pierde a si misma, pierde su propia verdad.

Por último me gustaría citar las palabras del nobel de paz Desmond Tutu : “nombrar la pena  es como nosotros empezamos a repararnos”,  La única manera de detener el dolor es aceptarlo, y la única manera de aceptarlo es nombrarlo”


¡Muchas gracias!!!!