Discurso pronunciado el 4 de octubre de 2017 en el auditorio Teresa Cuervo Borda del Museo Nacional de Colombiaa por Mauricio García Marulanda, Director Ejecutivo, FUNDACIÓN PROYECTO DE VIDA.

2017

Estimados miembros y directivos de la Fundación Alejandro Ángel Escobar, respetados miembros del jurado, ganadores y aspirantes a los demás premios entregados, querido público.

Buenas noches y muchas gracias por otorgarnos esta nueva motivación para continuar construyendo de manera incondicional el tejido social de nuestro país.

Cuando un bebé llega a este mundo, idealmente debería tener todas las oportunidades de poder desarrollarse en las mismas condiciones que cualquier otro recién nacido sin importar las condiciones económicas o diferencias sociales en las que nace, pues estas no son comprensibles para ese nuevo ser, como tampoco lo son las divisiones políticas y mucho menos las diferencias de raza.

Cuando las familias no logran proveer lo necesario a este nuevo individuo, idealmente debería ser el Estado – lo público-  el encargado de hacerlo para  asegurar el desarrollo integral de todos sus habitantes. En algunos países, el gobierno es quién asume este rol y provee educación y salud gratuita de calidad. En el nuestro, cuando ni la familia ni el Estado responden a estas necesidades de manera adecuada, son las organizaciones sociales quienes con sus recursos, (abundantes o escasos), intentan asumir esta labor. Muchas lo hacemos con la única intención de aportar un granito de arena al desarrollo y bienestar integral de esas familias, de esos pequeños, que merecen un futuro y una vida digna.

Victoria Molinos de Dussan, nuestra fundadora y directora ejecutiva durante 25 años, ejemplifica perfectamente lo descrito anteriormente. Ella nunca ha querido recibir un reconocimiento pues le bastan unas “gracias”, el beso y el abrazo de un niño o la sonrisa de una familia. Nunca ha buscado recompensa más allá de ver que una vida, que pasó por la Fundación Proyecto de Vida, logró el impulso necesario para volar y alcanzar alturas jamás imaginadas.

Por eso, considero que este premio es para ella y para todos aquellos colaboradores de la Fundación que en algún momento u otro han aportado a la vida de tantos niños y niñas con una sonrisa sincera y una palabra cálida y amorosa en el momento indicado. Para quienes han invertido toda su energía con el fin de lograr cumplir sueños y materializar los proyectos de vida de los más de 5 mil participantes que han asistido y participado de nuestras sedes a lo largo de este cuarto de siglo.

Sin embrago, nuestra misión continua. Debemos  seguir cualificándonos para ayudar a preparar a nuestros participantes a vivir dentro de una sociedad competitiva, con un medio laboral difícil y muchas veces cruel. A enfrentar situaciones estructurales complejas que impiden el desarrollo de todo su potencial y cuya mejoría aún no se evidencia en el corto plazo, ni de formas tan directas como esperaríamos.

Este premio nos recuerda que como fundación social, que trabaja diariamente con tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad, debemos continuar nuestra labor con el mismo ahínco y constancia con el cual comenzamos hace 26 años.  Es nuestro deber brindar la orientación, los espacios y los medios para que nuestros participantes puedan desarrollarse integralmente y para que logren adquirir las herramientas que les permitan afrontar asertivamente su entorno y construir su propio proyecto de vida.