Entrevista

Kenny Lavacude

Entrevista concedida por Kenny Lavacude, Director Acción Cultural Popular – ACPO, Bogotá, C.D, Premio Nacional de Solidaridad 2017

¿Cómo surgió en usted la inquietud por ayudar a sus semejantes?
Ayudar siempre y sin importar a quién fue siempre una acción natural en mi casa. Desde pequeños nos dieron ejemplo de servicio, y para nosotros, mis hermanos y yo, no representó ninguna dificultad saber que siempre hay alguien que tiene una condición de vida difícil y que lo mucho o poco que tengamos siempre se puede compartir.

¿De qué manera incidió su familia en su manera de concebir la ayuda para el otro?
Mi papá fue siempre un hombre trabajador, que solo estaba en casa de noche y los fines de semana, pero mi mamá estaba más tiempo con nosotros; fue siempre una líder en las comunidades donde vivimos, una mujer muy generosa y solidaria y de allí vino el ejemplo mayor.
Todos los hermanos sobresalimos de alguna manera; mi hermano mayor en el deporte, mi hermana y yo en la actuación y en el servicio, y mi hermano menor en la música y en el servicio y la ayuda a los más necesitados. Cada etapa de la vida fue una oportunidad de ejercer el liderazgo y el servicio: en el colegio, en la parroquia, en la universidad, en el barrio…

¿Dónde transcurrió su infancia?
Mi papá fue militar y su base era Armenia (Quindío), allí nació mi hermano mayor. Luego, mi hermana nació en Fusagasugá y yo en Girardot. A los pocos meses de nacido regresamos a Armenia, donde nació mi hermano menor. Yo viví en Armenia hasta casi los cinco años, cuando nos trasladamos ya del todo a Bogotá. ¡Nos llamaban los paisas! De manera que puedo decir que mi infancia la viví en Bogotá. Pero, para ser más exacto, la pasé entre el colegio y la parroquia, creo que para mis hermanos y para mí no había mejores lugares donde estar.

¿Dónde encuentra el ser humano la fuerza para sobreponerse a las dificultades y seguir batallando en la vida?
Considero que hay algo así como un gimnasio de la vida, donde hay varios entrenadores: los padres, los hermanos, los profesores, los líderes espirituales, los amigos, el entorno. Ellos son los entrenadores, pero el cuerpo lo pone cada uno y a veces el entrenamiento duele. El gozo y el dolor del entrenamiento en este gimnasio de la vida (que dura toda la vida) es lo que da músculo moral para salir siempre adelante, para perseverar en las adversidades. Pero hay algo importante y claro para mí: siguiendo con el símil del gimnasio, el agua y la proteína son las oportunidades que tenemos de servirle a los demás, principalmente a los más pobres y vulnerables.

¿Dónde empieza la Solidaridad?
La solidaridad empieza con la gente más inmediata: la familia, los vecinos, los amigos… y en el espejo, cuando eres bueno contigo mismo.

¿Dónde termina la Solidaridad?
En la muerte; en la muerte de los demás, cuando los lloras, aunque no hayas tenido ningún lazo familiar ni afectivo con el difunto; y en la muerte tuya, cuando le das espacio a otros para que vivan y sean felices.

¿En qué colegio estudió?
Estudié en varios colegios, pero, al final acabé mi bachillerato en el Colegio Felix Restrepo, en el Centro de Bogotá, colegio hoy desaparecido del mapa.

¿Cree usted que el colegio jugó un papel importante en su desarrollo como agente social de cambio?
Los colegios… ¡claro!!! Sobre todo, el de primaria y el Parroquial donde todo era servicio y solidaridad. En los colegios mis hermanos y yo éramos famosos por ser los más “sapos”, nos ofrecíamos para todo. Y mi casa era la casa del pueblo, allí llegaban todos nuestros amigos y compañeros a hacer tareas y diabluras. Y mi mamá, como una santa, no solo nos aguantaba, sino que nos hacía jugos, empanadas, pastelitos...

¿En qué momento decidió que su vida giraría en torno a la ayuda solidaria?
Dedicarme profesionalmente a la solidaridad surgió por “esas cosas de la vida”. Aunque siempre fui voluntario y colaborador de muchas causas, profesionalmente me desempeñaba como educador (docente, coordinador, rector, catedrático universitario, editor de libros) en colegios de élite, hasta que un sacerdote amigo me pidió que fuera dirigir un colegio de niñas vulnerables de una fundación. Ahí descubrí ya definitivamente mi vocación de agente social y ahí he perseverado hasta ahora.

¿Qué hace en sus ratos libres?
Alterno entre los libros, las películas, la cocina y mis animales. Disfruto mucho el campo y el silencio.

Explique, por favor, el trabajo que desarrolla la ACPO
Básicamente mi trabajo es el de inspirar a un equipo extraordinario de trabajo para que juntos cumplamos la misión de promover el bienestar de nuestros habitantes rurales y el desarrollo rural. Lo hacemos a través de la educación y del empoderamiento de líderes campesinos que multiplican los saberes que reciben. Usamos los medios de comunicación y las tecnologías de la información. Lo demás, lo típico de un director: buscar recursos, controlar las finanzas y la administración, velar por una buena comunicación, asegurar la calidad, hacer relaciones públicas, cumplir las leyes del Estado, mantener el ánimo de la tropa…

¿Qué se ve haciendo dentro de 20 años?
Haciendo, poco; me veo más siendo.

¿Cuáles son sus sugerencias para cualquier gobierno en cuanto a temas de inversión e interés social?
La primera es que tenga claro que sus gobernados son personas, no números ni votos ni estrategias, ni colectivos. La segunda, que tenga una ética y unos principios morales inquebrantables. La tercera que gobierne para todos; unos que necesitan ayuda y otros que pueden y deben ayudar. Finalmente, desde los albores de la humanidad, a los gobernantes se les ha exigido que sean agentes activos en la construcción de la paz, ese mandato histórico rige para hoy también.

¿Cuál es su héroe en el mundo de la Solidaridad?
Mi mamá.

¿Es importante el trabajo conjunto con otras entidades solidarias?
Importante no, imprescindible. Ya pasó la época de hacer cosas para que nos aplaudan, ahora es la de hacer cosas juntos para que aplaudan a las comunidades.

¿Considera que las áreas que cubren las entidades que trabajan en Solidaridad deberían ser responsabilidad del Estado, o debe ser la sociedad civil quien debe apersonarse de estas actividades?
Debe ser una responsabilidad conjunta. El Estado solo no puede hacer toda la tarea en un mundo y en un país donde hay tantas y tan diversas necesidades, y las organizaciones sociales tampoco. Hay que trabajar en coordinación y armonización, pero sin hipotecar ni vender los principios de cada actor.

¿La Solidaridad reconforta?
La solidaridad salva vidas; en primer lugar, la vida del solidario.

¿ACPO, surge por el abandono del Estado frente a las obligaciones que este no cumple?
ACPO nació en 1947, cuando el campesinado no contaba. Y sí, el Estado tenía abandonado al 60% de la población que entonces era rural.

¿Cómo ha cambiado su vida al realizar un trabajo por y para los otros?
Lo mejor de la vida es que no cambiamos, siempre somos los mismos. Trabajar por y para otros me ha enseñado mucho de mí mismo, y me enseña a amar mi mismidad.